|
|
Estamos en un camerino de Televisión Española. Es la gala. La última gala
que Rocío hará para TVE en Navidades. Faltan cinco minutos para empezar
y Rocío se está preparando para el espectáculo. Las fuerzas le fallan, ella
sabe que no le queda mucho tiempo. Pero sin embargo, una fuerza
interior mana para posarse en sus labios y poder hacer aquel esfuerzo
supremo que supuso aquella gala.
De pronto un personaje entra en el camerino. Y como si de dos viejos
amigos se tratara, comienzan una animada conversación repasando
anécdotas de la vida de Rocío, en las que ambos han estado. Situaciones
que pasaron, situaciones que pudieron pasar e incluso situaciones que la
hubiera gustado que no pasaran saldrán a la luz ante nuestros ojos,
desgranadas en canciones como “Señora”, “Como yo te amo”, “Ese
hombre”, “La Lola se va a los puertos”, “Punto de partida”, “No me
quieras tanto”, “Miedo”, “Paloma brava”, “Un clavel”, “Si amanece”, “Mi
amigo”, “Como una ola”, “Se nos rompió el amor”, “No llores por mi
Argentina”, “Uno”, “Non credere”, “Es mi hombre”, la habanera de
Carmen, la canción del fuego fatuo, hasta terminar con “Como las alas al
viento”, la canción con la que comenzó la última gala.
El tiempo se ha detenido. No corre en los recuerdos. Se les queda entre las
manos segundo a segundo, disfrutando, tal vez por última vez. No hace
falta decir quién es el personaje misterioso. Tampoco ella necesita
preguntarlo. Pero es solo una advertencia, antes tiene que hacer la gala y
pasar a la memoria colectiva como La Más Grande.
|